
Plegaria de un caballo:
¡Dueño Bienamado!
Dame de beber y de comer y cuídame y cuando termine el trabajo de cada día dame un cobijo, un lugar limpio donde reposar y un pequeño espacio, no demasiado pequeño, en tu cuadra. Háblame, porque a menudo tu voz reemplazará al freno. Sé bueno conmigo y te serviré aún más alegremente y te amaré. No tires de las riendas, no utilices tu lágito en las pendientes, no me golpees, no me des patadas si no te comprendo, sino dame tiempo para comprender tus intenciones. No me juzgues desobediente si soy lento en obedecer.
Y cuando el fin esté próximo, bienamado dueño, cuando ya no pueda servirte, te lo suplico, no me dejes morir de hambre y de frío, y no me vendas. No me abandones a un amo desconocido que me atormentará lentamente y me hará perecer, sino sé bueno, mi amo y señor. Y dame una muerte dulce y rápida, y Dios te lo recompensará aquí y en la eternidad.
Déjame dirigirte esta plegaria, y no creer que es falta de reverencia si te imploro en nombre de Aquel que nació en un establo... amén.

3 comentarios:
que bonito, ...esta poesia se le debe de aplicar a todos los animales....ellos nos dan todo y debemos de cuidar de ellos hasta el final.
muackkkkkkk¡¡¡¡.
los animales lo dan todo sin pedir nada a cambio, nuestro deber es cuidarlos muy bien.
besitos wapa.
yo por ejemplo seria incapaz de azerle una maldad a un pobre animal, pero hay personas q no piensan asi que tienen la mente gira....pero q se le va hacer...
estoy segura que si fuera al rebés la cosa cambiaria y bastante
un besote xoxeteeeee
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